Bloque: 1. Competitividad
El nuevo horizonte de competitividad que aspira alcanzar Andalucía implica cambios en la forma de producir y en la calidad de lo producido, y al mismo tiempo exige una diversificación de los esfuerzos empresariales hacia nuevas actividades y productos. De este modo, la industria, por su importancia en la innovación y la exportación, desempeña un papel de primer orden en esta transformación, o al menos una adaptación del modelo productivo a un mundo cambiante con nuevas necesidades. En este proceso, se debe aspirar a que el sector industrial recobre parte del peso perdido en el PIB regional y, al mismo tiempo, que se convierta en un catalizador para la transición digital y la neutralidad climática de nuestra economía.
En este sentido, al igual que en otros momentos de la historia, el sector industrial ha liderado cambios sociales y económicos (conocidos como revoluciones industriales), esta doble transición, ecológica y digital, de la que la industria debe ser abanderada, modificará todos los aspectos de nuestra economía y sociedad, ya que precisará de nuevas funciones de producción, es decir, otras combinaciones de capital físico y humano, lo que implicará buenas dosis de innovación y nuevas tecnologías. De este modo, se crearán nuevos productos, servicios, mercados y modelos de negocio. A su vez, se generarán nuevos tipos de empleo, todavía inexistentes, que exigirán, muy posiblemente, unas capacidades de las que aún carece nuestra fuerza laboral. Y, por último, conllevará el paso de la producción lineal a la economía circular.
Además, la consolidación de tendencias industriales cada vez más definidas, como la robotización, el reshoring y nearshoring (acercamiento de la producción) y los compromisos oficiales de descarbonización de la economía, como la multiplicación de la generación de energía renovables, supondrá una reordenación, a nivel internacional, de las ventajas competitivas que, con la planificación adecuada, puede favorecer a nuestra región, lo que permitiría diversificar nuestro tejido productivo.
Por su parte, también el sector agrario se enfrenta al reto de la incorporación de tecnologías y la digitalización de los procesos y productos, en cada una de las fases de la cadena de valor agroalimentaria, siendo una cuestión crucial para incrementar la competitividad y la sostenibilidad de un sector muy relevante de la economía andaluza, en línea con los retos establecidos en el Pacto Verde Europeo y el Acuerdo de París.