0404: Reforzar la asistencia sanitaria
B - Política de Prevención
El cambio en el perfil sociodemográfico, epidemiológico y cultural de la población en los últimos años está generando un aumento de la fragilidad y la dependencia, que precisa frecuentemente y de manera simultánea de atención sanitaria y social y no siempre la respuesta de los sistemas públicos se adecua a las necesidades de la ciudadanía.
Además, resulta cada vez más importante la detección precoz y la prevención, para evitar que la población enferme o que lo haga de manera irreversible, a través de medidas de promoción y protección.
Los servicios sanitarios que serán necesarios en un futuro próximo están determinados por el envejecimiento de la población, la cronicidad de las patologías y la irrupción tecnológica.
Respecto al envejecimiento, en Andalucía la esperanza de vida al nacer (EV) era de 82,1 años en 2017 (83,3 años a nivel nacional), ambas superiores a la media de la Unión Europea (80,9 años). Por sexo, las mujeres tienen mayor EV que los hombres, siendo de 84,4 años en mujeres y de 79,2 años en hombres (86,0 años y 80,4 años en España, respectivamente).
Este aumento de la esperanza de vida ha incrementado el número de años en que las personas mayores viven en situación de dependencia, especialmente las mujeres. Ello se debe a que el incremento de la EV no implica necesariamente que todos los años de vida en los que se incrementa este indicador sean años en los que se disfrute de un buen estado de salud, ya que los individuos pueden sufrir enfermedades y problemas de salud que les ocasionen una pérdida de calidad de vida sin que afecte a su longevidad.
Resulta, por tanto, importante considerar el grado de buena salud de los años de vida que se ganan, ya que cuanto mayor sea el número de años ganados en salud, menor será la necesidad de recursos asistenciales y mayor la calidad de vida. En Andalucía, en 2017 la esperanza de vida en buena salud (EVBS) era de 59,4 años (60,9 años en España).
El crecimiento continuo de las enfermedades crónicas genera un elevado coste de la asistencia sanitaria y un aumento de las personas con discapacidad y dependencia asociadas a ellas, que además se dan con mayor frecuencia en las personas mayores. Según datos del Servicio Andaluz de Salud, alrededor del 58% de la población andaluza tiene al menos una enfermedad crónica y el 34% tienen tres o más enfermedades crónicas. Además, entre el 40-45% de todas las altas hospitalarias se dan en personas mayores, las cuales presentan estancias más largas y causan más de la mitad de todas las estancias hospitalarias.
La tasa de población con discapacidad en Andalucía según la “Encuesta sobre discapacidades, autonomía personal y situaciones de dependencia 2008”, era de 95,8 por cada 1.000 habitantes, superior a la media española (89,7), y siendo la de las mujeres la más elevada (116,7 y 106,3, respectivamente). Por su parte, la Esperanza de Vida libre de discapacidad (EVLD), según el INE, se situaba en Andalucía en 11,94 años para los mayores de 65 años (13,36 años en España) reduciéndose hasta los 3,51 años para los mayores de 80.
Las instituciones sociales y políticas deben atender las necesidades del colectivo de personas con discapacidad y para ello se hace indispensable conocer de forma precisa sus circunstancias: cuántos son, qué limitaciones tienen y con qué severidad o si disponen de ayudas y cuidados, entre otros ejemplos.
Para poder prevenir las enfermedades es importante tener en cuenta, entre otros, los factores medioambientales, el nivel de renta y de estudios, el sedentarismo y la actividad física regular, la obesidad, el tabaquismo, el consumo abusivo de alcohol o padecer algún tipo de adicción, entre las más destacadas a las nuevas tecnologías o al juego.
En la actualidad, la obesidad es uno de los principales problemas de salud pública, adquiriendo en Andalucía una especial relevancia, ya que 3 de cada 10 menores tiene exceso de peso, cerca del 40% de las gestantes tienen problemas de peso en el embarazo y la mitad de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad.
La prevención del tabaquismo y del consumo abusivo de alcohol es la actuación de salud pública más importante que se puede realizar para la prevención del cáncer, de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
También las adicciones sin sustancia, con un aumento de la incidencia a raíz de la crisis de la COVID-19, producen mermas económicas y desestructuración de los núcleos familiares afectados, lo que incide en la calidad de vida y en la salud de los afectados por la frecuente asociación a un estilo de vida sedentario, al consumo de alcohol u otras sustancias.
Las enfermedades de etiología infecciosa son la tercera causa de muerte prematura en el mundo Según la Organización Mundial de la Salud. En nuestro medio encontramos infecciones emergentes y reemergentes, así como un optimismo generalizado en torno a la lucha contra las enfermedades infecciosas, con una falsa creencia de seguridad y victoria. La globalización y las corrientes migratorias juegan un gran papel en su propagación, como recientemente se ha puesto de manifiesto con el coronavirus SARS-CoV-2. Este panorama genera nuevas necesidades como son el aumento de las inversiones en investigación y en sistemas de detección precoz, en el aumento de coberturas del calendario vacunal y en la potenciación de las redes de notificación de nuevos casos a nivel mundial.
Por otra parte, el cáncer es uno de los principales problemas de salud pública, la incidencia estimada de esta enfermedad para el año 2019 en Andalucía fue de 45.521 casos (26.310 hombres y 19.211 mujeres) y la mortalidad de 17.954 defunciones (11.151 hombres y 6.803 mujeres). La mortalidad por cáncer representa el 25% de la mortalidad global, siendo en Andalucía la primera causa de muerte en varones y la segunda en mujeres.
Un alto porcentaje de los casos de cáncer es evitable, siendo posible reducir y controlar la enfermedad aplicando estrategias basadas en la evidencia científica, así como mediante la promoción de entornos de vida saludables y de estilos de vida protectores (promoción de salud), el control de los factores de riesgo y el diagnóstico precoz.
Las enfermedades no transmisibles o crónicas causan, según la Organización Mundial de la Salud, el fallecimiento de 41 millones de personas cada año, lo que equivale al 71% de las muertes que se producen en el mundo. Esta situación adquiere una especial relevancia si consideramos que los factores determinantes que las provocan pueden ser evitables y que las estrategias de promoción de la salud cuentan con evidencias para frenar y, a largo plazo, revertir estas condiciones. De hecho, el fomento de estilos de vida saludables conduce a ganancias de salud a un coste mucho más bajo que el tratamiento médico de cualquiera de los grupos de riesgo y de las enfermedades asociadas.
Los programas de cribado son una importante acción preventiva, que consisten en una serie de actividades orientadas a la detección, diagnóstico y tratamiento precoz de los casos detectados, siempre antes de que se manifiesten los síntomas de la enfermedad para reducir la morbimortalidad. Además de los programas de cribado de cáncer (de mama, de cérvix y colorrectal) existen otros cribados, como el cribado prenatal que se hace a las embarazadas, el cribado neonatal de enfermedades endocrinometabólicas y de hipoacusia.
Para todo ello, es imprescindible la generación del conocimiento y la implantación de tecnologías como elementos clave para la mejora de la salud de la población, impulsando la prevención de las enfermedades y la promoción y protección de la salud bajo criterios de innovación.
Esperanza de vida (EV) y Esperanza de Vida en Buena Salud (EVBS) al nacer, según CCAA
Fuente: Indicadores de Salud 2020. Ministerio de Sanidad.
Principales disposiciones aprobadas
Consejería
Número
Importe
1100 - Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional